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...lo aprendí en el parvulario.

Un detective en Sant Jordi

En menos de 72 horas, entre investigaciones y reuniones, hemos trabajado como detectives en Tarragona, Sabadell, Solsona y Lleida. Es un ritmo de vida agotador y un tanto desarraigado.

Y ahora nos encontramos en un lugar (que obviamente no podemos comentar) en la fiesta más bonita que uno pueda imaginar: Sant Jordi.

No han sido pocas las veces que me han preguntado por el nombre de nuestro blog (Todo lo que realmente necesito saber....). Por supuesto, es una referencia literaria. Una referencia tan amplia que nos permite escribir lo que queramos.

Antes que nada, me gustaría transmitir lo que significa Sant Jordi (para mi). Sant Jordi es una fiesta cultural. Olvídate de dogmatismos religiosos o políticos. Se celebra la cultura.

Por supuesto que Sant Jordi era un santo... pero no uno cualquiera... un santo que mató a un Dragón. Una historia más cercana a la épica que a la religiosidad.

No se trata de una fiesta familiar (con sus comilonas y especiales televisivos). Es una festividad íntima en la que las personas salen a la calle a mirar libros, a decidir qué tipo de personas son o quieren ser, a decidir sus gustos y regalar... Regalar a sus parejas, a sus familiares, a sus compañeros de trabajo o a sí mismos.

Las calles están repletas de rosas. Elegantes, apasionadas y espinosas. Toda una metáfora del amor romántico (o lo que debería ser).

Además es un día laborable. Las ciudades y los pueblos no se paran. La fiesta se integra en las rutinas de las personas y las empresas. Las calles palpitan de actividad (y normalmente hace un clima envidiable).

¿Se nota que amo apasionadamente el día de Sant Jordi?

A lo que iba... El título de nuestro blog es un homenaje a Todo lo que realmente necesito saber lo aprendí en el parvulario de Robert Fulghum, del año 1988.

No os voy a aburrir con extractos del libro (internet está plagado de ellos). Solo decir que lo descubrí en la biblioteca de la Facultad de Química. Yo era estudiante, en época de exámenes. La biblioteca estaba llena a rebosar y buscaba algo para leer y hacer tiempo.

Había una estantería con libros de pedagogía y cogí el más pequeño.

Rodeado de estudiantes con tapones en los oídos, empecé una lectura tranquila, sin saber que esperar de ese libro. La persona que esperaba no se presentó y la lectura duró un par de horas.

En el silencio abarrotado de la biblioteca, recuerdo reirme a carcajadas, en unos momentos, y emocionarme profundamente, en otros.

Por aquel entonces (y de esto hace casi veinte años) el libro estaba descatalogado, pero gracias a eBay y a una reedición del 2004, me hice con varios ejemplares.

En ocasiones he regalado algunos de ellos, a personas que soy consciente que no lo supieron valorar. Pero ahí está la gracia, algún día lo volverán a abrir y se darán cuenta del tesoro que encierran esas páginas. O quizás sus hijos. O quizás el que ocupe su casa después de él...

No es una obra maestra. Dale cien años y habrá desaparecido, pero su mensaje continuará vigente.

De eso va Sant Jordi... de cultura.

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