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Nuestra propia Tesis

Detectives en la Costa Brava

Nuestro primer caso fue en la Costa Brava.

Recibimos el encargo de una antigua compañera de trabajo que consistía en documentar que su exmarido vivía en un domicilio diferente a la vivienda familiar. A pesar de que ella era la responsable de los hijos en común después del divorcio, él mantenía el derecho de uso de aquella vivienda (que además no utilizaba).

Era un invierno de hace una década bastante inusual porque había estado nevando en la costa mediterránea. Hasta el punto que la nieve había cuajado en la autopista.

Por nuestra clienta sabíamos que el investigado residía con sus padres en otro municipio (a 40 kilómetros del domicilio en cuestión). Sin embargo, después de una semana vigilando el portal de la casa de los padres, el tipo no tenía horario, no aparecía, estábamos muertos de frío y el caso se nos hizo cuesta arriba.

Por lo visto, el investigado se movía poco. Sin trabajo y con nieve fuera de casa, aquel hombre era una seta. Controlábamos su coche y se movía de vez en cuando, amaneciendo el vehículo aparcado en diferentes sitios cerca del portal de sus padres. Pero nunca lo vimos salir o entrar de su domicilio.

Nuestro primer caso… todo un fracaso.

Aledaño al portal que tanto vigilábamos había un bar. Entré a tomar un café cortado. Por aquel entonces no sabía qué era una paletilla de cerdo. Como buen soltero, cuando compras jamón lo haces en lonchas o si entra un jamón en tu casa es porque te lo ha regalado la empresa por navidad o tu madre.


Para los que se encuentren en mi misma situación, una paleta de cerdo es la pata delantera del animal, curada y presentada como un jamón. Es decir, el típico jamón es la pata trasera y la paleta es la delantera. Como comprobará el lector, a día de hoy, mis conocimientos de charcutería no ha avanzado demasiado.


¿Por qué esta introducción al despiece del cerdo? Porque una paletilla de cerdo resolvió nuestro primer caso.


Recuerda que había nieve, hacía frío, el investigado se movía como un ninja y yo, bastante frustrado, entraba en el bar del barrio para pedir un café. Si fuera una película habría hecho un trágico Marlowe o quizás un cínico Spade. Cogería de la solapa al camarero y le preguntaría por el investigado sin quitarme el cigarrillo de la comisura de los labios.

En realidad me salió un confuso Clouseau.


Al sentarme en la barra y después de pedir, a la altura de mi cabeza había un papel apaisado colgando de una pinza. En ese papel había una cuadrícula dibujada a bolígrafo con casillas del 0 al 99. En cada una de las casillas, diferentes personas habían firmado.


Le pregunté al camarero qué era eso y me dijo que era un sorteo. Consistía en que si los dos últimos números del sorteo oficial coincidía con el número que habías firmado, el bar te regalaba una paleta de jamón.


Había muchos conceptos que no entendía en aquel momento. Paleta de jamón, sorteo clandestino como si aquello fueran las fiestas de la parroquia… Y sin embargo pensé que quizás mi investigado tomaba café en aquel bar. O incluso veía el fútbol, ya que en días pasados había visto un gentío cuando jugaba el Barça un partido de Champions.


La cuestión es que le expliqué que yo era de otra ciudad, que mi tío tenía un bar y que no conocía ese sistema de sorteos. Le preguntar si me podía dar algunas hojas sorteos pasados, como la colgada sobre la barra del bar. Así se la enseñaría a mi (inexistente) tío y podría imitarlo en su (inexistente) bar.


El hombre no tuvo ningún reparo y me dió dos hojas de semanas pasadas. En cada hoja había una semana por cara. Me acababa de dar cuatro semanas de firmas. Más la quinta semana (la que estaba colgada) que subrepticiamente había fotografíado con el móvil mientras me servía un segundo café.


Inmediatamente llamé a mi clienta y le pregunté si tenía alguna firma de su ex. Me dijo que sí, la del Libro de Familia. Fui inmediatamente a su casa y comparamos las firmas de aquellas hojas con la firma indubitada del investigado.


Allí estaba. Cada semana jugaba no menos de cinco números. Todos ellos firmados.


Pero todo caso necesita una guinda. Y la guinda fue la nieve.


Cada noche fotografiabamos el coche del investigado y a la mañana siguiente volvíamos a hacerlo. De esta manera comprobábamos si se había movido o no. Y es que la nieve es un gran testimonio. Te dice cuándo se ha hecho la fotografía, te muestra el tiempo que ha pasado desde la última vez que se utilizó el coche. Incluso te permite observar la cantidad de nieve que hay bajo el coche (si la hay).


Están los casos que se resuelven por oficio, los que son irresolubles (porque no se produce lo que el cliente necesita documentar) y luego están los casos que se resuelven porque el detective muestra una asombrosa sagacidad y una pizca de imaginación.

Huelga decir que concedieron el uso de la vivienda familiar a nuestra clienta. Y es que nuestro primer caso fue lo que Tesis para Amenábar.

Un gran principio.

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